El aficionado tuvo la suerte de quedarse con el guante derecho con el que Rulli paró el penalti decisivo de la final de Gdansk
Vicent Ortells Gil
Juan Herreros González entró en el Arena Gdansk nervioso y pensando que su equipo, el de siempre, estaba ante una oportunidad única, la de conseguir el primer trofeo en la historia del club. Un título continental, y él lo iba a presenciar en directo.
Lo que Juan sufriría y disfrutaría en vivo durante casi tres horas forma parte ya de la leyenda amarilla, la consecución de la Europa League. Esa historia ya la conocemos todos. Lo que no conocen todos es la historia de cómo consiguió Juan un objeto que ahora atesora con mucho cariño y que posee un enorme valor, tanto sentimental como material. Algo que consiguió durante la celebración de esa ya mítica Europa League.
Dejemos que sea el propio protagonista quien nos narre cómo sucedió todo. “Fui a la final de Gdansk con un amigo. Teníamos muy buenas entradas, muy cerca de los familiares de los jugadores”, rememora. Al instante Juan se emociona al recordar a su padre, fallecido en 2015, y al complemento que siempre le acompaña en cada partido del Submarino. “Fui a aquel partido con la gorra de mi padre. Siempre voy al fútbol con su gorra”, nos cuenta Juan , convencido de que él, su padre, también estuvo presente en aquella inolvidable final y que alguna ayuda proporcionó para empujar a su equipo de siempre hacia la victoria.
El resultado final de aquel partido y las circunstancias en las que se produjo las tenemos aún muy presentes en nuestra memoria, a pesar del tiempo transcurrido. Pero para Juan no todo había terminado. Aún quedaban emociones fuertes por experimentar. Tal y como nos narra:
“Acaba el partido y la celebración, los jugadores se acercan para saludar a los familiares”, continua. “Yo veo que todos se echan a un lado, corriendo. Rulli había tirado un guante. Y de repente veo que cae a mis pies el otro guante. Me quedé parado y pensé: ‘¡es el guante de Rulli!’, y lo cogí”, cuenta emocionado. “Era el guante derecho. Desde la grada no habíamos visto con exactitud cómo había parado el penalti que había lanzado De Gea, el decisivo. Así que al principio pensamos que, al tirarse hacia la izquierda, parecía lógico pensar que lo había parado con el guante izquierdo. Pero, la verdad, es que tampoco nos importaba mucho”, comenta.
Durante varios minutos “la gente estuvo haciéndose fotos con el guante hasta que vino alguien que me dijo que lo había parado a mano cambiada. Era por tanto el guante con el que había parado el penalti”, recuerda con énfasis. La alegría era inmensa.
Al volver de Polonia, Juan cuenta que llegó a casa casi a la hora a la que sus hijos se iban al colegio. Les dije: “Mirad, esto me cayó del cielo”. Su hija se quedó mirando el guante y le dijo: “Eso fue el abuelo”, recuerda emocionado. “Se me cayó el mundo encima”, y admitió a su hija: “Pues igual tienes razón y fue el abuelo el que me tiró el guante desde el cielo, le dije. Me quedé blanco”, recuerda Juan con intensa emoción.
Quedaría aún otro capítulo en esta fantástica historia. “Fuimos a esperar a Rulli a la salida de uno de los entrenamientos. Cuando lo vio, ya desde lejos, se quedó mirando el guante y dijo: ‘Ese el guante con el que atajé el penal’. Me lo firmó, me puso la fecha, y nos hicimos la foto con él”, añade.
Juan admite que, aunque ha tenido ofertas para vender el guante, no quiere desprenderse de él, por el significado sentimental que tiene, tanto para él mismo, como para sus hijos. Indudablemente el tesoro que guarda Juan Herreros no es un artículo cualquiera, es un elemento que ya está por derecho propio en la historia del Villarreal CF. Se podrán conseguir otros, también preciados por el coleccionismo amarillo y el fútbol en general, pero gracias a este guante se consiguió el primer trofeo en la historia del club, algo que no es poca cosa.
Más información en la edición nº291 de la revista POBLE.










