La Unión Europea ha intensificado en los últimos meses su presión sobre WhatsApp y sobre su matriz, Meta, en medio del creciente debate sobre la privacidad, la seguridad de las comunicaciones oficiales y el control de las grandes plataformas tecnológicas.
Diversas instituciones y gobiernos europeos están comenzando a limitar el uso de WhatsApp en dispositivos oficiales y entornos gubernamentales, apostando por aplicaciones consideradas más seguras para las comunicaciones internas, especialmente tras las dudas sugeridas en torno a la gestión de datos y la dependencia tecnológica de grandes compañías privadas.
El debate también se ha trasladado al terreno de la competencia digital. La Comisión Europea mantiene abierta una investigación sobre las políticas de WhatsApp tras el bloqueo de chatbots de inteligencia artificial de terceros dentro de la plataforma, una decisión que Bruselas considera potencialmente contraria a las normas europeas de competencia.
Además, la UE continúa analizando el papel de las aplicaciones de mensajería cifrada en cuestiones relacionadas con la seguridad y la lucha contra determinados delitos, un asunto que ha generado controversia por el posible impacto sobre la privacidad de las comunicaciones.
Todo ello refleja el creciente pulso entre las instituciones europeas y las grandes plataformas tecnológicas sobre cuestiones clave como la privacidad, la competencia, la seguridad y el control de las comunicaciones digitales oficiales.
