17 S- DÍA MUNDIAL DE LA SEGURIDAD DEL PACIENTE
- Domingo Gargallo, director de Funditec Health y microbiólogo, alerta sobre el avance de las bacterias multirresistentes y reclama más educación y un uso responsable de los antibióticos
Con motivo del Día Mundial de la Seguridad del Paciente, una fecha que este año pone el foco en un problema que avanza en silencio: la resistencia a los antibióticos. Domingo Gargallo, director de Funditec Health y microbiólogo, lleva años estudiando este fenómeno y advierte de que las cifras son alarmantes: casi 3 millones de muertes registradas en 2019 podrían convertirse en 10 millones al año en 2050 si no se desarrollan nuevos antibióticos.
El problema, explica, va mucho más allá de cómo se recetan en consulta, ya que los antibióticos se emplean también de forma masiva en la producción de alimentos, en granjas, piscifactorías y en los cada vez más frecuentes cultivos hidropónicos, multiplicando los focos donde las bacterias pueden desarrollar resistencia.
Gargallo señala además un factor que suele pasar desapercibido: los sistemas de evacuación de residuos en hospitales y residencias de mayores concentran una gran cantidad de patógenos junto con dosis muy elevadas de antibióticos, lo que convierte a estos entornos en un caldo de cultivo perfecto para la aparición de cepas multirresistentes.
Se habla de esta resistencia como una «pandemia silenciosa» precisamente porque sus víctimas no suelen aparecer en los titulares. Se trata, sobre todo, de pacientes inmunosuprimidos, trasplantados o en tratamiento oncológico, cuyas muertes se asocian a menudo a otras enfermedades cuando en realidad no se producirían de no ser por la infección. Al ocurrir en un entorno hospitalario y no público, el problema queda fuera del radar mediático y su gravedad real pasa inadvertida para la sociedad.
Concienciación social sobre los antibióticos
Aunque en los últimos años el asunto ha ganado protagonismo, Gargallo matiza que no es un tema nuevo: lleva décadas presente en la agenda de la ONU, la Unión Europea, el G20 y el G7. Lo que sí ha cambiado es la conciencia social, impulsada por el trabajo educativo de programas como el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos. El microbiólogo recuerda además un estudio europeo que muestra una correlación muy clara entre el nivel de conocimiento social sobre los antibióticos y el porcentaje de resistencias en cada país: en los países nórdicos, con mayor cultura sobre su uso, la resistencia es menor, mientras que en los países con menos formación en este ámbito las tasas son de las más altas.
La buena seguridad para el paciente
Para Gargallo, ese conocimiento es precisamente la clave de la seguridad del paciente. «Utilizarlo cuando hace falta y utilizarlo correctamente es el primer paso para una buena seguridad, sin ninguna duda», resume. Desde su experiencia clínica, reconoce que uno de los grandes obstáculos sigue siendo la falta de herramientas rápidas y económicas para una prescripción precisa, especialmente en atención primaria, donde el tratamiento sigue siendo, en su mayoría, empírico. Como aspecto positivo, destaca que cada vez hay más médicos que distinguen mejor entre infecciones víricas y bacterianas antes de recetar.
Cuando un antibiótico deja de hacer efecto, las consecuencias pueden ser graves: en infecciones severas, cada hora que pasa sin el tratamiento adecuado puede incrementar el riesgo de muerte del paciente hasta en un 10%, por lo que elegir bien y a tiempo resulta determinante. Los pacientes más expuestos son, de nuevo, los inmunosuprimidos —trasplantados, en tratamiento oncológico o que han pasado por cirugías muy complejas—, en quienes el sistema sanitario suele haber invertido un enorme esfuerzo tecnológico y humano. «Esos pacientes no tienen por qué perder la vida si no fuera como consecuencia de estar expuestos a estas bacterias que ellos no pueden combatir y que no tenemos antibióticos eficaces para acabar con ellas», lamenta el microbiólogo.
En los casos más extremos aparecen las superbacterias, microorganismos prácticamente resistentes a todas las clases de antibióticos disponibles, frente a los que apenas quedan opciones: en ocasiones solo la cirugía, o combinaciones de antibióticos a dosis muy elevadas como última alternativa.
La pandemia de COVID-19 dejó también una lección pendiente sobre este uso. Se administraron antibióticos con frecuencia pese a tratarse de una infección viral, no para combatir el virus, sino de forma preventiva, ante el deterioro que sufrían muchos pacientes. Gargallo entiende esa decisión como propia de un contexto de emergencia, pero reconoce su coste: el uso intensivo de antibióticos va ligado directamente a la aparición de resistencias, y el resultado fue un incremento notable en el porcentaje de cepas resistentes tras la pandemia.
SOBRE FUNDITEC
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