Eliana Alejandra Trías
Quien nació en ese trozo de tierra llamado Venezuela sabe que la palabra ‘crisis’ dejó de ser noticia hace años para convertirse en una rutina. Millones de migrantes han tenido que cargar en una maleta de 23 kilos no solo sus pertenencias, sino el peso de un modelo político que se fue cerrando sobre sí mismo, recortando libertades y derechos.
La prolongada crisis económica, con hiperinflación, pérdida de poder adquisitivo y salarios que no alcanzaban ni para lo básico, empujó a millones de personas a salir del país, convirtiendo la migración venezolana en una de las más grandes de la región en la última década. Esa salida masiva no fue solo por números, sino por la imposibilidad de proyectar un futuro: falta de medicinas, cortes de luz, inseguridad y un sistema político sinónimo de una pérdida progresiva de la democracia.
El doble terremoto que golpeó con fuerza a Venezuela el pasado 24 de junio no cayó sobre una hoja en blanco, sino sobre un país que ya estaba en situación de emergencia humanitaria. Los sismos, de gran magnitud, derribaron edificios, causaron graves daños en infraestructuras y dejaron hospitales colapsados, justo cuando el sistema de salud ya venía exhausto por años de falta de inversión y escasez.
La cifra de víctimas, heridos y personas sin hogar sigue aumentando cada día en una Venezuela donde la vida ya era difícil, por eso la ayuda internacional no es un complemento, sino una parte esencial de la respuesta. Ayudar a Venezuela no es solo un gesto solidario puntual, es reconocer que la crisis venezolana y la catástrofe del terremoto tienen impactos directos en la vida de quienes ya forman parte de la sociedad española. La comunidad venezolana ha aportado trabajo, cultura, emprendimiento, cuidados y afectos, ahora esa misma comunidad necesita que se mire hacia su lugar de origen con ojos empáticos y manos dispuestas.
Dónde y cómo donar desde España
Para que ese propósito sea útil y no se pierda entre desinformación y buenas intenciones mal canalizadas, ya existen guías y organizaciones concretas que están trabajando sobre el terreno o enviando recursos de forma estructurada. Desde España, se puede apoyar a varias iniciativas que han abierto canales claros de ayuda tras el terremoto:
- We Love Venezuela Foundation ha puesto en marcha una campaña en GoFundMe con el objetivo de recaudar 300.000 dólares, destinada a apoyar a las familias y comunidades afectadas. La fundación tiene más de una década de trayectoria colaborando con organizaciones dentro y fuera de Venezuela.
- La Fundación Sun.Risas está recolectando insumos desde Valencia, en el estado Carabobo, y recibe donaciones directas a través de su web y su cuenta de Instagram para comprar herramientas y productos básicos que luego distribuyen a zonas como La Guaira, Caracas y Tucacas.
- Cáritas Venezuela, junto con entidades como Dividendo Voluntario, ha activado redes de voluntariado y apoyo a los miles de afectados por el doble terremoto, aprovechando su presencia en parroquias y comunidades.
- A través de GlobalGiving, el fondo Venezuela Earthquake Relief Fund permite donaciones que llegan a organizaciones locales verificadas encargadas de proporcionar alimentos, agua, refugio y atención médica.
- World Central Kitchen, impulsada por el chef José Andrés , está sirviendo comida en zonas afectadas y acepta donaciones desde España, incluso a través de bizum.
En el terreno de la salud mental y física, también se han activado recursos específicos dentro de Venezuela: la PsicoLínea de la Universidad Católica Andrés Bello ofrece atención psicológica gratuita, mientras plataformas como Venemergencia y organizaciones como Healing Venezuela refuerzan la asistencia médica a quienes se quedaron con heridas visibles e invisibles. Todo esto se complementa con centros de acopio en distintos estados del país, donde universidades, y asociaciones ciudadanas reciben materiales básicos, demostrando que la sociedad venezolana, dentro y fuera, se organiza incluso entre ruinas cuando la falta de respuesta del Estado se hace evidente.
Que este artículo sea una invitación a mirar Venezuela no solo como un lugar del que se huye buscando una mejor vida, sino como un hogar que, aun a miles de kilómetros, merece ser reconstruido con la ayuda de todos.
Fotos: Felipe Toro


