Una clásica histórica que vuelve a rodar: tradición, esfuerzo y futuro sobre ruedas
La edición de 2026 recuperará además una modalidad que no se celebraba en el Gran Premi desde hace más de treinta años: la contrarreloj por equipos. La prueba inaugural arrancará desde el Estadio de la Cerámica con salidas escalonadas cada dos minutos y permitirá a los aficionados disfrutar muy de cerca de los preparativos y de la espectacular puesta en escena de los equipos antes del inicio de la carrera
- Una clásica histórica que vuelve a rodar: tradición, esfuerzo y futuro sobre ruedas
- Tres etapas, tres carreras diferentes
- Dieciocho equipos para conquistar el Gran Premi
- El protagonismo local: correr en casa
- Mucho más que una carrera
- El equipo médico: la otra carrera
- Una carrera con historia
- El legado del Gran Premi
El Gran Premi Vila -real de Ciclisme volverá a ocupar un lugar destacado en el calendario nacional los próximos 29, 30 y 31 de mayo de 2026. La prueba, una de las más veteranas y prestigiosas del ciclismo amateur español, celebrará su 78ª edición manteniendo intacta una esencia construida durante décadas entre el esfuerzo deportivo, la pasión por la bicicleta y el compromiso de todo un territorio con este deporte.
La edición de este año contará con 18 equipos participantes y presentará una importante novedad: una contrarreloj por equipos que abrirá la competición el viernes 29 de mayo. La salida tendrá lugar a las 18.30 horas desde el Estadio de la Cerámica, en un recorrido rápido de cuatro kilómetros hasta El Termet que comenzará a marcar las primeras diferencias en la clasificación.
La tradicional etapa Vila -real–Morella se disputará el sábado 30 de mayo. El pelotón partirá desde la Plaça Major a las 13.00 horas para afrontar 137 kilómetros de desgaste acumulado atravesando localidades como l’Alcora, Sant Joan de Moró, Vilafamés, Culla o Ares antes de llegar a Morella, en una jornada considerada nuevamente como la gran etapa reina de la prueba.
Así pues, la etapa reina hacia Morella volverá a ser el gran examen de montaña del fin de semana, con cerca de 2.742 metros de desnivel positivo y puertos tan exigentes como Culla y Ares.
El domingo 31 de mayo llegará el desenlace con la etapa Morella– Vila -real, de 126 kilómetros, que concluirá en la Ciutat Esportiva Municipal Pau Francisco Torres tras un recorrido más favorable para corredores rápidos y resistentes, acumulando cerca de 1.700 metros de desnivel antes de decidir el desenlace definitivo de la clasificación general.
Más allá de lo puramente competitivo, el Gran Premi vuelve a demostrar que sigue siendo una de las grandes referencias del ciclismo amateur nacional, tanto por su dureza deportiva como por el simbolismo histórico que mantiene generación tras generación.
Tres etapas, tres carreras diferentes
La edición de 2026 pondrá a prueba la versatilidad de los corredores con tres jornadas completamente distintas entre sí.
La primera toma de contacto llegará con una contrarreloj por equipos explosiva y muy técnica. Una etapa corta pero intensa, donde cada segundo contará y en la que los equipos deberán mostrar coordinación, potencia y precisión desde el primer instante.
Sin embargo, la verdadera selección llegará el sábado con la subida hacia Morella. El recorrido acumula un importante desnivel desde prácticamente el nivel del mar hasta superar los mil metros de altitud, en una jornada marcada por el desgaste constante y los encadenados de puertos.
Muchos equipos coinciden en señalar esta etapa como el gran filtro de la carrera. Los escaladores y corredores más resistentes tendrán aquí su gran oportunidad para pelear por la clasificación general.
La última jornada ofrecerá un perfil diferente. El recorrido de regreso hacia Vila -real permitirá velocidades más altas y situaciones tácticas distintas, favoreciendo posibles llegadas reducidas o incluso un sprint si el pelotón consigue controlar la carrera.
Precisamente esa variedad es uno de los aspectos más valorados por los participantes, ya que obliga a los equipos a adaptarse continuamente a escenarios muy distintos.
Dieciocho equipos para conquistar el Gran Premi
La participación volverá a reunir a algunos de los conjuntos más importantes del panorama amateur nacional. En total serán 18 equipos los que lucharán por la victoria en esta histórica edición.
Entre los nombres destacados aparecen estructuras ya habituales en la prueba como Illes Balears Arabay, Ulevel Frutamine, High Level Gsport, Controlpack, Extremadura Pebetero, Vigo Rías Baixas o Torres Sobato, junto a formaciones debutantes que buscarán dejar su huella en la carrera.
Illes Balears Arabay llega además como uno de los equipos de referencia después de haber conquistado la pasada edición tanto por equipos como en la clasificación individual. Por su parte, conjuntos como Controlpack o Telco On Clima Oses reconocen abiertamente su intención de pelear por la general.
También habrá espacio para equipos debutantes como GRC Jan Van Arckel, procedente de Países Bajos, o el CC Lleida Desguaces Pedros, que afrontan el Gran Premi como una oportunidad para ganar experiencia y crecer dentro del calendario nacional.
La mayoría de formaciones coinciden en señalar la subida a Morella como el punto decisivo de la competición, aunque muchos técnicos advierten también de la importancia del viento y de posibles abanicos en la etapa final.
El protagonismo local: correr en casa
La edición de 2026 tendrá además un marcado acento vila-realense gracias a la presencia de Héctor Domínguez y Miguel Ángel Aguilella, dos corredores locales que debutarán en la mítica prueba.
Domínguez , integrante del High Level Gsport, y Aguilella, corredor del Ulevel Frutamine, afrontan la carrera con la motivación especial que supone competir en casa y sentirse arropados por familiares, amigos y aficionados.
Ambos representan además el relevo generacional de una prueba que históricamente ha servido de escaparate para ciclistas de la provincia y que mantiene un fuerte vínculo con Vila -real.
Mientras Domínguez confía en poder aprovechar etapas rápidas o situaciones de fuga, Aguilella reconoce sentirse especialmente cómodo en los tramos más exigentes de montaña, donde suele romperse la carrera.
Los dos coinciden, eso sí, en señalar que el principal objetivo será disfrutar de una prueba cargada de simbolismo y dar el máximo por sus respectivos equipos.
Mucho más que una carrera
Detrás del Gran Premi existe una enorme estructura humana que hace posible que la competición siga celebrándose casi ocho décadas después.
Voluntarios, colaboradores, técnicos, conductores, miembros de seguridad y responsables logísticos forman parte de un engranaje fundamental para el correcto funcionamiento de la prueba.
Entre ellos destacan nombres históricos como Pedro Molada y Vicente Arenós, dos figuras profundamente vinculadas al Club Ciclista Vila -real y a la historia del Gran Premio.
Molada comenzó su relación con la carrera como corredor en los años sesenta antes de incorporarse a la organización y convertirse también en impulsor de la escuela ciclista local. Arenós, por su parte, lleva décadas abriendo la carrera y coordinando aspectos fundamentales de la logística.
Ambos coinciden en señalar que uno de los momentos más especiales sigue siendo la llegada a Morella, donde corredores, técnicos, organización y aficionados convierten el final de etapa en una auténtica celebración del ciclismo.
La prueba también mantiene vivo el recuerdo de otros tiempos, cuando los corredores dormían juntos en el Convento de San Francisco y los miembros del club preparaban personalmente la comida para los participantes.
Tampoco se entendería la historia del Gran Premi Vila -real de Ciclisme sin personas como Manuel Pérez y Pascual García . Ambos vivieron esta mítica prueba primero desde dentro del pelotón y hoy continúan haciéndola posible desde la organización, aportando experiencia, compromiso y una pasión intacta por el ciclismo.
Su vinculación con la Vila -real Morella es el reflejo del espíritu que ha permitido mantener viva esta carrera durante casi ocho décadas: el esfuerzo desinteresado de quienes sienten el Gran Premio como parte de su vida. Desde labores de seguridad y apoyo logístico hasta el acompañamiento de corredores y equipos, Manuel Pérez y Pascual García representan el trabajo silencioso e imprescindible que hay detrás de cada edición.
El equipo médico: la otra carrera
Uno de los trabajos menos visibles pero más importantes del Gran Premi es el que desarrolla el equipo médico.
La enfermera Carmen Usó y el médico anestesista Juan Carlos Rivera forman parte del dispositivo sanitario encargado de asistir cualquier incidencia durante la carrera. Ambos destacan que la concentración y la rapidez de actuación son fundamentales en una competición donde las caídas pueden producirse a gran velocidad y en pleno pelotón.
El operativo sigue constantemente la evolución de la prueba mediante radio y debe actuar con precisión para no interferir en el desarrollo de la carrera mientras atiende a los corredores afectados.
Las lesiones más frecuentes suelen ser traumatismos, fracturas de clavícula o quemaduras por fricción con el asfalto, aunque ambos profesionales destacan especialmente la dureza mental y física de los ciclistas.
También insisten en la importancia de la hidratación y de la preparación física en etapas donde el calor y el desgaste pueden jugar un papel determinante.
Una carrera con historia
Hablar del Gran Premi Vila -real de Ciclisme es hablar también de la historia del ciclismo español.
Durante décadas, esta prueba ha servido como escaparate para grandes nombres que posteriormente dieron el salto al profesionalismo. Por sus carreteras pasaron corredores históricos como Federico Martí n Bahamontes, Pedro Delgado o Miguel Induráin en sus etapas amateur.
Muchos antiguos participantes recuerdan que durante años existía una idea casi asumida dentro del pelotón: quien triunfaba en la Vila -real–Morella tenía muchas posibilidades de acabar llegando al profesionalismo.
La carrera ha evolucionado enormemente desde aquellas primeras ediciones. Han cambiado las bicicletas, la preparación física, la nutrición, la seguridad y la organización. Sin embargo, el prestigio y la dureza de la prueba continúan prácticamente intactos.
Precisamente esa mezcla entre tradición y evolución es una de las claves que explican la supervivencia de una competición que sigue reuniendo cada año a cientos de personas alrededor del ciclismo.
El legado del Gran Premi
El 78º Gran Premi Vila -real de Ciclisme volverá a convertir durante tres días a Vila -real y Morella en epicentro del ciclismo amateur nacional. Además, mantendrá este año su vertiente solidaria colaborando con la Asociación de Afectados CDKL5, vinculada a una enfermedad genética rara que provoca graves alteraciones neurológicas desde edades muy tempranas.
Más allá de los resultados, las clasificaciones o las victorias, la prueba representa también una historia colectiva construida gracias al trabajo silencioso de generaciones enteras de aficionados, organizadores y colaboradores.
Porque el Gran Premi no es únicamente una carrera. Es memoria deportiva, identidad local y pasión compartida por un deporte que sigue encontrando en estas carreteras uno de sus escenarios más emblemáticos.


















