La ciudad de Castellón de la Plana vive una transformación social significativa. Según los últimos datos municipales, uno de cada cuatro vecinos ya es de origen extranjero, una realidad que refleja el cambio demográfico de la capital de la Plana y que abre un debate social con posturas encontradas entre la ciudadanía.
Para una parte de los vecinos, este aumento de población extranjera supone un inconveniente. Algunas quejas apuntan a dificultades de convivencia, a la percepción de que ciertos colectivos no se adaptan a las costumbres locales, no participan en las tradiciones ni muestran interés por integrarse en la vida social y cultural de la ciudad. Estas voces reclaman mayor control, normas claras y un esfuerzo real de integración para preservar la identidad y las costumbres castellonenses.
Sin embargo, existe otra visión muy distinta. Para muchos ciudadanos, asociaciones y colectivos sociales, esta nueva realidad representa una gran oportunidad: la posibilidad de construir una ciudad más diversa, abierta y multicultural, donde diferentes culturas convivan, se enriquezcan mutuamente y aporten nuevas formas de entender la sociedad, la economía y la cultura.
Desde el Ayuntamiento de Castellón, el equipo de gobierno apuesta claramente por esta segunda visión. El portavoz del gobierno municipal, Vicent Sales, ha detallado la estrategia que se está impulsando para convertir la diversidad en una auténtica “oportunidad” para la ciudad.
Sales subraya que el objetivo no es ignorar los retos que plantea el crecimiento de la población extranjera, sino afrontarlos con políticas activas de integración, convivencia y respeto mutuo. Entre las líneas de trabajo se incluyen programas de mediación intercultural, fomento de la participación en las fiestas y tradiciones locales, aprendizaje del idioma, apoyo educativo y acciones comunitarias que faciliten el encuentro entre vecinos de distintos orígenes.
La transformación de Castellón de la Plana no es un caso aislado, sino un reflejo de lo que ocurre en muchas ciudades españolas y europeas. El debate entre temor al cambio y apuesta por la diversidad sigue abierto, y su evolución dependerá en gran medida de las políticas públicas, la implicación vecinal y la voluntad de convivencia.




