No fue una escena anunciada ni parte del programa oficial. En pleno recorrido por las Cruces de Mayo de Burriana, la atención de vecinos y visitantes se desvió hacia una imagen que descolocó por completo el ambiente festivo: algo en el espacio público parecía haber cambiado de lógica.
Durante varios minutos, la pregunta fue la misma en boca de todos: ¿qué es esto y quién lo ha colocado aquí?
La respuesta llegó después y puso nombre a la intervención: el artista Juan Poré, que vuelve a irrumpir en el imaginario urbano de la ciudad con una propuesta que no busca pasar desapercibida, sino exactamente lo contrario, consolidando de nuevo su presencia en el imaginario visual y simbólico de la ciudad, y recuperando la huella de impacto que ya dejó con su conocida intervención del “OVNI” en 2022.
En palabras del propio artista, la piedra encarna “ese regreso invisible” y se convierte en una metáfora especialmente vigente del presente: la carga de una sociedad fatigada, el impacto del cambio climático, la tensión cotidiana, la velocidad vertiginosa del día a día, la saturación mental y esa percepción constante de que todo puede venirse abajo en cualquier instante.
La obra, realizada para la Falla Societat Cardenal Tarancón, e integrada en el recorrido de las tradicionales Cruces de Mayo de Burriana, presenta una escena tan sencilla como desconcertante: un vehículo detenido bajo el peso visual de una enorme piedra que lo domina por completo. No hay movimiento, ni explicación inmediata, solo el instante congelado de una tensión imposible.
El impacto no está únicamente en la imagen, sino en lo que sugiere. El coche, símbolo habitual de avance, rutina y velocidad, aparece aquí neutralizado, suspendido en una situación límite. Y sobre él, la piedra funciona como un elemento extraño que irrumpe sin permiso, alterando cualquier lectura cotidiana.
Entre los detalles que más han llamado la atención figura la matrícula del vehículo, cuyos números hacen referencia al día en que se celebra la visita institucional de autoridades y representantes festivos durante la Nit de la Plantà de les Creus de Maig, incorporando así una capa de lectura vinculada directamente al calendario local.
Lejos de una escena meramente impactante, la instalación abre un terreno de interpretación más amplio. La propuesta plantea un choque entre dos fuerzas: la inercia del mundo actual (rápido, exigente, saturado) y aquello que lo detiene sin aviso, como si la normalidad pudiera interrumpirse en cualquier momento.
En esa idea, la piedra no actúa solo como objeto, sino como símbolo de lo que pesa, de lo que frena, de lo que se impone. Y el coche, inmóvil, se convierte en el reflejo de una sociedad que avanza constantemente, pero que también acumula tensión, desgaste y fragilidad.
Con esta intervención, Burriana vuelve a convertirse en escenario de lectura artística inesperada, donde lo festivo convive con lo inquietante y donde una imagen aparentemente simple consigue alterar la forma en la que se mira lo cotidiano.









