La defensa del sector cerámico ha vuelto a situarse en el centro del debate europeo tras la intervención de la presidenta de la Diputación de Castellón, Marta Barrachina, en el Parlamento Europeo. Desde Bruselas, la dirigente provincial reivindicó el papel clave de esta industria, no solo como motor económico, sino como elemento esencial del tejido social de la provincia.
Barrachina participó en una mesa redonda enmarcada en la jornada ‘El futuro de la cerámica europea’, donde representantes institucionales y del sector analizaron los retos que afronta esta actividad estratégica. En este contexto, se firmó un manifiesto conjunto entre la Generalitat Valenciana y la región italiana de Emilia-Romagna para reclamar a la Unión Europea medidas que refuercen la competitividad del sector.
Entre las principales demandas figura la suspensión temporal del régimen europeo de comercio de emisiones para la industria cerámica, al menos hasta que se apruebe una reforma que equilibre los objetivos medioambientales con la viabilidad empresarial. El documento también propone congelar los derechos de emisión gratuitos actuales, revisar con cautela los nuevos parámetros previstos para el periodo 2026-2030 y activar un mecanismo eficaz que evite la competencia desleal de terceros países.
Durante su intervención, Barrachina defendió que el clúster cerámico de Castellón, junto al italiano, se sitúa entre los más eficientes del mundo en consumo energético y emisiones. En este sentido, advirtió de que incrementar los costes a las empresas más avanzadas no contribuye a reducir el impacto global, sino que puede debilitar a quienes ya están aplicando las mejores tecnologías disponibles.
Además, la presidenta provincial puso el foco en el peso territorial de esta industria. La cerámica concentra su actividad en municipios como Almassora, Onda, l’Alcora o Vila -real, entre otros, generando empleo directo e indirecto para miles de familias. “Estamos hablando de un sector que vertebra la provincia y sostiene buena parte de su economía”, vino a señalar, insistiendo en la necesidad de que cualquier decisión europea tenga en cuenta esta realidad.
En esa línea, la Diputación de Castellón apuesta por un plan industrial europeo que combine seguridad jurídica, plazos flexibles para la transición energética, apoyo decidido a la innovación y una política comercial basada en la reciprocidad. El objetivo, según trasladó Barrachina, es garantizar una competencia equilibrada que proteja tanto a las empresas como al empleo.
La dirigente también reclamó una mayor implicación de las instituciones comunitarias en la defensa del tejido productivo. A su juicio, sin igualdad de condiciones en materia ambiental, laboral y energética, el futuro del sector podría verse comprometido.
El encuentro en Bruselas reunió a representantes de ambos países, entre ellos responsables institucionales italianos y alcaldes de municipios cerámicos, evidenciando la dimensión europea de un sector que busca adaptarse a los nuevos retos sin perder competitividad. En este contexto, el mensaje lanzado desde Castellón fue claro: la transición ecológica debe ser compatible con la supervivencia de una industria clave para miles de trabajadores.



