Pese al disgusto y la frustración inicial, el Pregó de la Magdalena se ha podido celebrar. La lluvia no ha impedido que Manuel Torada cantara los versos que dan inicio a las fiestas. Ha sido una cabalgata en versión reducida pero conservando la esencia. Voluntad y tradición en un «mini-pregó», como lo ha calificado Raúl Collazos, en el que han aguantado algunos colectivos festeros.




Una tarde para el recuerdo con lágrimas de impotencia pero también muestras de una férrea voluntad de desfilar junto al pregonero y la carroza real, que muchos han mantenido. Imágenes insólitas de chubasqueros en quienes acompañaban a los caballos de los clarines que forman ya parte de la historia de la Magdalena.
Todo, en el año de Clara Sanz Sobrino, como reina de las fiestas de Castellón. Un reina que ha mantenido su sonrisa serena agradeciendo con su saludo los aplausos de quienes han aguantado hasta ver a su reina. Bajo lo lluvia, empañados los vidrios de las gafas pero sin dejar de vitorear a la reina de las fiestas de Castellón.








