La preocupación vuelve al campo castellonense ante una nueva oleada de robos de cítricos. En los últimos días, y según ha denunciado la Unió Llauradora, los ladrones han sustraído alrededor de 36.000 kilos de mandarinas en dos fincas del término municipal de Betxí, un golpe económico muy duro para los agricultores afectados.
La fruta robada pertenece a la variedad Clemenvilla, una de las más valoradas del mercado en estos momentos. Actualmente, esta mandarina cotiza en origen a una media de 0,52 euros el kilo, con partidas que incluso alcanzan los 0,65 euros, unos precios considerados positivos por el sector y que ayudan a compensar la fuerte caída de producción registrada esta campaña.
Una campaña marcada por la escasez
La situación se agrava si se tiene en cuenta que la cosecha de Clemenvilla se prevé un 55% inferior a la de la pasada campaña. En toda la provincia de Castellón apenas se contabilizan 10.600 toneladas de esta fruta, por lo que cualquier robo supone una pérdida directa que merma aún más la rentabilidad de las explotaciones y pone en jaque la viabilidad de muchas fincas.
Desde la Unió Llauradora alertan de que estos robos no solo afectan al bolsillo del agricultor, sino que generan inseguridad y desánimo en un sector ya castigado por los altos costes de producción y la falta de mano de obra.
Un problema difícil de erradicar
A esta situación se suma la baja tasa de resolución de los robos en el campo valenciano. Los datos son contundentes: solo uno de cada cuatro robos se resuelve. Durante 2024, se registraron 1.333 robos en explotaciones agrarias de la Comunitat Valenciana, de los cuales únicamente 327 fueron esclarecidos, lo que representa un 24,5%.
Las organizaciones agrarias reclaman más vigilancia, controles en puntos de compra y trazabilidad de la fruta, así como un refuerzo de los medios destinados a la seguridad rural para frenar una lacra que, año tras año, golpea con fuerza al sector citrícola.
Mientras tanto, los agricultores de Castellón miran con inquietud el desarrollo de la campaña, conscientes de que cada robo no solo supone una pérdida económica, sino también un duro golpe a su esfuerzo y trabajo diario.

