La acequia de Vila -real volvió a ser, una vez más, el reflejo menos amable de una noche festiva. Tras la celebración de la Nochevieja, el cauce amaneció ayer con una imagen que, por desgracia, ya se ha convertido en habitual cada vez que hay una fiesta importante en la localidad.
Entre los residuos acumulados podían verse un carro de la compra, restos de cotillón, guirnaldas y grandes cantidades de confeti, evidenciando que durante la noche muchas personas optaron por deshacerse de estos objetos arrojándolos directamente al agua. Una escena que se repite de forma casi sistemática tras celebraciones señaladas.
No es un hecho aislado. Cuando se trata de fiestas en Vila -real, el primer día suele dejar estampas similares. Sin ir más lejos, durante las fiestas de la Virgen de Gracia del pasado mes de septiembre, ya en el primer viernes de festejos, la acequia apareció con una mesa y varias sillas en su interior, sorprendiendo por el tamaño y volumen de los objetos arrojados.
La situación resulta aún más llamativa teniendo en cuenta que la acequia fue limpiada no hace mucho tiempo, y que de manera recurrente recoge una gran cantidad de basura tras eventos festivos. Más allá del impacto visual, estos vertidos suponen un problema medioambiental y de mantenimiento, además de un coste añadido para los servicios municipales encargados de su limpieza.

La imagen de la acequia tras la Nochevieja vuelve a abrir el debate sobre la concienciación ciudadana y el respeto por los espacios públicos, recordando que la celebración y la diversión no deberían estar reñidas con el cuidado del entorno común.






